martes, 22 de abril de 2008


Es la última vez que lo intento. Traté de leerlo entero varias veces en estos últimos veinte años. No puedo. Me aburre. Me puede.

Este ejemplar de “La Gente de Smiley” vive con mi familia desde el año ochenta. Uno de esos libros que “regalaba” la CAI si hacías una imposición en tu libreta de ahorro. Aquella generación de niños veíamos llegar a casa, de vez en cuando, ejemplares de literatura de moda, de adaptaciones de series de televisión, de películas…

Recuerdo perfectamente “Tuareg”. Y el anterior “Raices”. Y “Poldark” Y tantos otros que se pueden encontrar en rastros y librería de viejo. Son inconfundibles. Abres la primera pagina y consulta la ficha técnica. “Edición impresa para la Caja de … Prohibida su venta…

Los llevas tan hondo en la memoria que, cuando los ves – como me pasó a mí en el rastro Reto – te desencadenan una sucesión de recuerdos imparable.

Creo que los leí casi todos. Por dos motivos, principalmente. Uno, porque los niños y los adolescentes, antes, leímos mucho más, libres todavía de los teclados, las consolas y los mp3. Y otro, porque me apasionaba tanto leer que, con 12 añitos, ya le había dado un buen repaso a algunos ejemplares de la biblioteca de mi abuelo.

Pero John LeCarré me supera. No he leido ninguna otra obra de él. Y me pregunto si lo haré alguna vez, después de ser derrotado por este libraco. La serie de televisión ya me pareció un poco petarda, así que no fui capaz de ver más de dos capítulos

.Lo siento por sus incondicionales, aunque, en justicia, los de Frederick Forsyth somos más. “La Gente de Smiley queda aparcado definitivamente en la estantería de los insoportables.

Me ha vencido. Me rindo.

Pero que conste que lo he intentado.

Quizás el raro soy yo.

lunes, 7 de abril de 2008

El Sultán del Swing


Soultains of swing fue uno de los primeros temas musicales que me apasionaron. Sin fecha exacta en mi memoria, recuerdo aquélla transición adolescente en la que dejé de devorar toda la música que me ofrecía mi primer radio FM para comenzar a elegir con algo más de criterio las canciones que realmente me gustaban. Incluso me atrevería a asegurar que fue Soultains… la primera canción que grabé de alguna de aquéllas lista de éxitos que los locutores desgranaban durante todo el día en las cadenas comerciales. John Lenon era ya otro reciente mito asesinado por aquellas fechas, mientras Knopfler, con su banda los Dire Straits, colapsaban el mercado musical con su LP Brothers in Arms.

El incombustible Mark Knoffler - para muchos el mejor punteador de guitarra de todos los tiempos – es, además, sinceramente modesto. Hace años declaró en una entrevista que se vé incapaz de tocar como los guitarristas de flamenco, a quienes admira. Seguramente no le hace falta. Demuestra lo que puede ofrecer en cada actuación y en cada disco.

Knopfler es un talento absoluto. Su estilo personal marca todo aquello que él hace, tal y como se puede apreciar, por ejemplo, en uno de los primeros trabajos de un Bob Dylan rehabilitado de las drogas, Slow Train Coming, finalizando los setenta. Los ochenta fueron los años de gloria del grupo. Sus temas de entonces son hoy considerados como clásicos en todo recopilatorio de calidad. Los noventa marcaron la desaparición de la banda, ya una leyenda, y la consolidación hasta nuestros días de la carrera en solitario de Knopfler..

En estos primeros días de Abril ha dado un concierto en Madrid, basado en su último trabajo “Kill to get crimson”. A decir de los asistentes, el evento fue para no olvidarlo jamás. Junto a sus temas de siempre interpretó alguno inédito y sus últimas composiciones. El público, completamente entregado, disfrutó desde el primer hasta el último minuto.

De vez en cuando, la vida nos regala un genio. Nos entrega a alguien que tiene el valor de salir de la carretera, del cómodo y seguro asfalto, para correr campo a través hacia tierra de nadie. Mark Kopfler decidió un buen día dejar atrás su empleo de maestro y aventurarse con su stratocaster en la jungla donde sobreviven tantos músicos de futuro incierto. Y ahí está. Entre los grandes más grandes.