viernes, 15 de agosto de 2008

Las "señales" de Marte


Revista Alrededor del Mundo. 31 de Enero de 1901.

Hace cerca de un mes se recibió en Kiel (Alemania), en donde se hallaba establecida la Oficina Central de los despachos astronómicos, el siguiente sensacional telegrama: Last night projection north edge Icarum Mare lasted seventy minutes. Lo cual significa: La noche última, una proyección en el borde septentrional de Mar Ícaro duró setenta minutos.

La noticia fue transmitida por telégrafo a todos los observatorios del mundo y produjo un efecto inmenso.

En un principio se creyó que estaba fuera de duda el trascendental hecho de que los habitantes de Marte nos habían hecho señales. Luego ha venido la reflexión y se ha caído en la cuenta de que la Oficina Central sí había transmitido bien la noticia, pero los periódicos habían confundido la palabra proyección con señal.

El ilustre astrónomo francés Flammarion dice que esas proyecciones luminosas que se observan en Marte co son cosa nueva, sino que la noticia relativa a ellas se repite poco más o menos cada dos años y son debidas a la refracción solar , en la línea que separa la zona iluminada de la sumida en la obscuridad, sobre las crestas de las montañas o sobre las nubes altas del plantea.

La precipitada sensacional noticia, debida al eminente astrónomo norteamericano Mr. Douglas, quien, dicho sea de paso, está en la actualidad observando con especial cuidado el planeta Marte desde el observatorio que Mr. Lowell hizo construir al efecto en la cumbre de una montaña de Arizona, dicha noticia, digo, aún reducida a sus naturales proporciones, ha puesto de actualidad la cuestión de las comunicaciones interplanetarias, y varios periódicos han juzgado oportuno a los sabios de mas autoridad en la materia si creen realizable este sueño de la ciencia.

El sabio inglés Sir Robert Ball tiene sobre el asunto opiniones pesimistas. Hace observar que Marte, aún en su distancia mínima de la Tierra, está separado de nosotros por una distancia 150 veces mayor que la que nos separa de la Luna. Aún con la ayuda del mejor telescopio del mundo no podríamos ver en la superficie de Marte un edificio del tamaño de la torre Eiffel. Un edificio 50 veces mayor sería divisado mancha. En broma se ha dicho (inclusive por Taboada) que los habitantes de Marte estaban agitando banderas para llamar la atención de los terrestres. Pues bien, para llamar nuestra atención, los martienses necesitaría tremolar una bandera de 400 kilómetros de ancho por 500 de largo – o sea, aproximadamente, tan grande como Irlanda – en un hasta de 800 kilómetros de alto, lo que, por muy adelantados de ciencia que estén, no les sería muy fácil.

Camilo Flammarion cree, en cambio, que podremos comunicar con los habitantes de Marte cuando lleguemos a la edad del raciocinio, es decir, dentro de un par de siglos.

Otros sabios son más optimistas y esperan la solución del magno problema para un porvenir más cercano. De esta opinión es, entre otros, el Señor Marconi, inventor del telégrafo sin hilos, y cuya llegada a Madrid se espera para dentro de poco.

El más confiado en un próximo favorable resultado es el genial inventor Nicolás Tesla. Declaró a un periodista que no dudaba en lo más mínimo de la posibilidad de construir un aparato eléctrico que le permitiera transmitir al planeta Marte una cantidad de energía suficiente. Tesla refiere que hace poco, haciendo experimentos con un aparato receptor sumamente delicado, notó que este registraba corrientes eléctricas cuyo origen solo podía estar en el plantea Marte. Para devolver a este planeta ciertas ondas eléctricas, según Tesla, no hace falta un acumulador gigantesco, sino que basta dar un impulso enérgico, cuya duración no pase de un segundo, hacia Marte. Cree que con su oscilador, cuya fuerza es de 5 millones de caballos, podrá dar el impulso en cuestión. “Dentro de poco, asegura Tesla, podremos comunicarnos telegráfica y telefónicamente con Marte, y la única dificultad será estudiar el lenguaje de nuestros vecinos en el universo astronómico.

Estas opiniones parecen algo fantásticas; pero ¿qué hubiesen dicho nuestros abuelos si al principio del siglo XIX un sabio les hubiese asegurado que los hombres descubrirían el medio de viajar en vehículos sin tracción de sangre (ferrocarriles y automóviles) de escribirse y hablarse con la rapidez del rayo desde uno a otro hemisferio (telégrafo, teléfono) de reproducir exactamente, como por arte de encantamiento, cualquiera vista, cualquiera voz, cualquier movimiento (fotografía, fonógrafo, cinematógrafo) y ver a través de los cuerpos opacos (rayos X)? El horizonte de la ciencia es inconmensurable, y la utopía de ayer es la realidad del mañana.

domingo, 27 de julio de 2008

Profecías para el siglo XX

Revista Alrededor del Mundo. 24 de Enero de 1901.

Profecías para el siglo XX. – Las de los astrónomos.

El profesor Serviss, uno de los astrónomos más notables de los Estados Unidos, ha hecho algunas de las profecías del progreso que probablemente que probablemente alcanzará la ciencia astronómica durante el siglo que acabamos de inaugurar. He aquí en extracto lo que dice:

“¿Qué es la fuerza de la gravedad? ¿Cómo se atraen unos a otros los cuerpos celestes a través del espacio? Estamos a punto de que ese gran problema obtenga contestación. El profesor Fressenden, en una serie de investigaciones que está llevando cabo, relaciona la fuerza de la gravedad con fenómenos eléctricos que afectan hasta a las últimas partículas de la materia.

Es por lo tanto probable que dentro de algunos años se descorra el velo que todavía nos oculta el misterio de esas ondas de fuerza que no nos impresionan ni como la luz ni como el calor y que, sin embargo, inundan continuamente los espacios sembrados de mundos.

Descubrimientos como ese y otros que nos esperan exigen nuevos tipos de instrumentos. El telescopio continuará evolucionando a pasos gigantescos. Recordemos que en el transcurso del siglo XIX hemos multiplicado por 40.000 la fuerza y el alcance del telescopio. Así continuará progresando este instrumento, y al aumento de su fuerza vendrán a unirse los buques aéreos que permitirán al astrónomo acercarse mucho más a las estrellas.

¿Habremos trabado relaciones con los habitantes de otros mundos para fines del siglo XX? Si yo estuviese vivo para entonces y pudiera hacer uso de algunos de los instrumentos que para entonces habrán sido descubiertos, dirigiría mis investigaciones hacia el planeta Venus. No tendía la esperanza de ver a la gente que allí haya; Pero me bastaría con ver cualquier prueba indiscutible de su existencia, y entonces nadie podría dudar de que la astronomía tiene derecho a ser considerada la primera de las ciencias. Creo que no tardaremos en poder poner a prueba la idea de Tesla de que, si no podemos ver al los habitantes de otros mundos, por lo menos podremos comunicarnos con ellos.”

viernes, 25 de julio de 2008

El Día del Trabajo en 1901

Revista Alrededor del Mundo. 10 de Enero de 1901.

El inventor de la jornada de ocho horas.

Aún entre los mismos obreros habrá pocos que sepan que la idea de la jornada de ocho horas nació en tierras tan remotas como las de la Nueva Zelandia.

Allí murió, en 1890, y a los 80 años de edad, Samuel Duncan Parnell, un carpintero natural de Londres, que desde el año 1840, venía proclamando en Nueva Zelandia, su patria de adopción, la idea de la jornada de ocho horas y de los tres ochos; o sea, el dividir el día en ocho horas para el trabajo, ocho horas para el descanso y otras ocho para el recreo, la instrucción o lo que se quisiera.

Principió exigiendo para sí, en todos sus contratos, el no trabajar más que ocho horas. No cejó ni un momento en hacer activa propaganda para extender su idea, y poco a poco fue consiguiendo que la adoptaran los demás trabajadores y los patronos.

Murió con la satisfacción de haber visto establecida la jornada tal y como el la quería en otras partes de la colonia y reconocida oficialmente por una fiesta anual que se llama fiesta del trabajo, y propagadas a todo el mundo sus ideas y apoyadas periódicamente el día 1 de mayo de cada año.

Nuevas aportaciones

Es tanto el tiempo que dedico a mi trabajo y a El Republicano Digital (Dentro del tiempo que me asigno diariamente a todo lo que no sea Familia y ocio) Que apenas tengo tiempo para dedicar a Canal Rancio.

He encontrado la solución.

Trancribiré articulos que considero muy interesantes, de cualquier tipo de temática, extraidos de publicaciones de hace 60, 70 o incluso más de 100 años.

Que las disfruten. Merece la pena dar un vistazo por el mundo de aquél entonces. Es apasionante.

miércoles, 28 de mayo de 2008

Santamaría ataca de nuevo


Sea cual sea el trasfondo y las intenciones de Santi Santamaría al arremeter contra un buen número de afamados cocineros españoles, no puedo dejar de reconocer que estoy de acuerdo con él en cuanto a su defensa de la cocina tradicional frente a todos estos nuevos experimentos culinarios que, normalmente, consisten en raciones mínimas preparadas con compuestos extraños y presentadas en medio de enormes platos profusamente decorados.

Mi afición por la cocina no se complementa bien con cierto tipo de recetas. Valoro mucho mas unos simples frijoles con tocino y especias, bien cocinados, que una “tapa de sepia sobre crujiente de no se qué al aroma de no se cuantos, presentado en un platito inverosímil y con hojas de menta por encima. No quiero decir con esto que esté en contra de la innovación en la cocina. De hecho, cualquier receta se renueva cada día en muchos hogares, con diferentes ingredientes y condimentos. Pero de ahí a pretender presentar unos churros con salsa de pollo asado y rematados con mermelada de higos, va un verdadero abismo.

Tampoco se puede decir que Santamaría sea un torpe que acaba de llegar a los fogones. Seis estrellas Michelín en su poder le avalan sobradamente. Como también avalan a quienes él critica el reconocimiento nacional e internacional que les coloca en la cima de la cocina mundial.

Como se suele decir, si se le quiere hacer la prueba del diez a un buen restaurante, pídele que te prepare un par de huevos fritos con patatas. Hay de todo, tanto en los restaurantes de menú como en los de carta selecta. Buenos, mediocres y malos. Y muchas veces esta todo tan ligado en la restauración que si la receta preparada es buena, pero el servicio y la atención son regulares, poco menos que da igual que hayas comido lenguado en salsa menier, que te iras con la sensación de haberte zampado un plato de acelgas con patata, sin sal y sin aliñar.

No es la primera vez que escribo mis experiencias culinarias en restaurantes de carretera, en los que me he encontrado de todo; pero si que voy a dejar claro el resultado de mi primer encontronazo con la cocina de “diseño” que llegaba en los ochenta.

Cena de empresa. Los jefes, eufóricos por los resultados obtenidos en los últimos meses. Deciden llevarnos – me consta que la intención era buena – a un nuevo restaurante en el Paseo de Ruiseñores. Cocina de diseño. Ya no me acuerdo que pedí y maldito el interés que tengo de recordarlo. Tan solo queda en mi mente el gran plato con hojitas y ramitas esmaltadas en el borde, y dos bolas como albóndigas con unos hilos de salsa por encima, como filigranas. El segundo plato constaba de un picadillo de carne de sabe el cielo qué, con unos hilos de zanahoria y apio por encima, una hoja de menta adornando, y dos cucharaditas de algo marrón, cada una a un lado del picadillo.

Ni que decir tiene que la noche terminó en un burger del Centro Independencia, jurando yo y perjurando que no solo no volvería a dejarme ver por ese restaurante, sino que invertiría el tiempo necesario para recomendar a todos mis conocidos para que ni se acercasen a la puerta.

Reconozco que pueda yo ser un poco radical en este asunto. Me parece perfecto que cualquiera decida querer pagar un buen montón de dinero por comer un preparado raro, escaso, y ridículamente presentado. Cada uno es libre. Pero por lo que no paso es por llamar a eso “ir a comer”.

Ni a cenar.

martes, 27 de mayo de 2008

Siamesa


Siamesa apareció en la ventana de nuestra cocina una fría tarde de Enero. Sus ojos azules, que miraban fijos como con intención de decirme cosas, llenaban toda su cara.

Mi hija quiso salir a acariciarla, pero le quite la idea de la cabeza, explicándole que era mejor no prestarle mucha atención, porque seguramente se iría en poco tiempo.

Pero se quedó. Así que había que hacer algo. Aunque yo estaba seguro que la gata se marcharía tal como llegó, decidimos preparale un poco de cena, y poner una toalla grande en un rincón del patio , donde podría dormir protegida del viento y la lluvia, bajo el toldo que cubre nuestro almacén de leña. Yo estaba obligado a hacerlo, porque siempre enseñé a mis hijos que tener respeto por los animales es también un buen modo de aprender a respetar a las personas.

Una semana después estaba claro que yo me había equivocado en mis previsiones y que teníamos un nuevo animalito en casa. Siamesa bien pudo haber marchado en cualquier momento, porque, para un gato, es muy sencillo acceder a nuestro patio trasero. Pero decidió quedarse. En pocos días aprendió a convivir con nuestros dos perros, Elvis y Junior, que la aceptaron sin reservas. Como una más de la manada. Si bien tenemos otros tres gatos “adoptados” que vienen de visita a la hora de comer, y si las noches no acompañan, pues también se presentan a dormir, Siamesa decidió hacer de nuestra casa su hogar permanente. Seguramente se quedó también porque estaba embarazada; de lo que nos enteramos nosotros un mes después, cuando notamos que su tripa crecía a buen ritmo.

Esta novedad, nos planteó un nuevo reto. Teníamos espacio de sobra para prepararle un lugar especial para ella y su futura prole; así que debíamos construir un nido decente y bien protegido para el evento. La segunda parte del desafío era conseguir un buen hogar para todos los que vinieran, porque una cosa es tener dos perritos y tres gatos ocasionales y otra muy distinta es encontrarte de golpe con un buen montón más de gatitos.

Al día siguiente ya estaba construido su nuevo refugio, también ubicado bajo el toldo de la leña. Esta vez, sobre dos palés de madera, para mantenerlo seco y alejado de la humedad del suelo cuando llueve, construimos una casa suficientemente grande con cartones, y en el suelo de la misma un par de toallas grandes. Ni que decir tiene que la gata instantáneamente tomó posesión de su nuevo chalet, al que solo dejaba entrar a dormir con ella a un gatazo pelirrojo que nos visitaba a diario desde hacía ya meses, y que mas de una tarde de invierno había dormido dentro de casa, arrimado al fuego.

Cada día, antes de ir a trabajar, salía yo al patio a echar un vistazo, para comprobar cómo estaba la embarazada. Y una buena mañana de Abril encontré a cuatro gatitos, casi idénticos, apretados unos contra otros, apenas moviéndose, mientras la madre repartía lamentones a todos.

Fueron creciendo, bajo los cuidados de su madre, de nuestros dos perros y de mi hija. Y conseguimos la solución al segundo reto; el de encontrar un buen lugar para todos ellos, con el disgusto de algún vecino, que desde el principio nos dijo que había que matar a los cachorros nada más nacer, porque nadie querría gatos mestizos, y menos en un pueblo en el que hay gatos para dar y vender.

Hoy los hemos llevado a su nuevo hogar. Una nave enorme, donde varios agricultores guardan sus vehículos y demás cacharros, que a la vez es un depósito de grano. Vivirán bien cuidados y además del pienso que tendrán para comer en cantidades industriales, también podrán disfrutar de la comida casera sobrante que les llevará a diario la esposa de uno de los dueños.

Cuidarlos ha merecido la pena. Toda una experiencia para mi hija, que ha hecho de madre adoptiva, a veces demasiado solícita. Y estarán bien. Bajo techo y a pensión completa. No podíamos esperar un final mejor que salvarles la vida a todos y darle en los morros a ciertos vecinos desalmados, de esa clase que acelera con su auto si ve un gato cruzar la calle.

martes, 22 de abril de 2008


Es la última vez que lo intento. Traté de leerlo entero varias veces en estos últimos veinte años. No puedo. Me aburre. Me puede.

Este ejemplar de “La Gente de Smiley” vive con mi familia desde el año ochenta. Uno de esos libros que “regalaba” la CAI si hacías una imposición en tu libreta de ahorro. Aquella generación de niños veíamos llegar a casa, de vez en cuando, ejemplares de literatura de moda, de adaptaciones de series de televisión, de películas…

Recuerdo perfectamente “Tuareg”. Y el anterior “Raices”. Y “Poldark” Y tantos otros que se pueden encontrar en rastros y librería de viejo. Son inconfundibles. Abres la primera pagina y consulta la ficha técnica. “Edición impresa para la Caja de … Prohibida su venta…

Los llevas tan hondo en la memoria que, cuando los ves – como me pasó a mí en el rastro Reto – te desencadenan una sucesión de recuerdos imparable.

Creo que los leí casi todos. Por dos motivos, principalmente. Uno, porque los niños y los adolescentes, antes, leímos mucho más, libres todavía de los teclados, las consolas y los mp3. Y otro, porque me apasionaba tanto leer que, con 12 añitos, ya le había dado un buen repaso a algunos ejemplares de la biblioteca de mi abuelo.

Pero John LeCarré me supera. No he leido ninguna otra obra de él. Y me pregunto si lo haré alguna vez, después de ser derrotado por este libraco. La serie de televisión ya me pareció un poco petarda, así que no fui capaz de ver más de dos capítulos

.Lo siento por sus incondicionales, aunque, en justicia, los de Frederick Forsyth somos más. “La Gente de Smiley queda aparcado definitivamente en la estantería de los insoportables.

Me ha vencido. Me rindo.

Pero que conste que lo he intentado.

Quizás el raro soy yo.

lunes, 7 de abril de 2008

El Sultán del Swing


Soultains of swing fue uno de los primeros temas musicales que me apasionaron. Sin fecha exacta en mi memoria, recuerdo aquélla transición adolescente en la que dejé de devorar toda la música que me ofrecía mi primer radio FM para comenzar a elegir con algo más de criterio las canciones que realmente me gustaban. Incluso me atrevería a asegurar que fue Soultains… la primera canción que grabé de alguna de aquéllas lista de éxitos que los locutores desgranaban durante todo el día en las cadenas comerciales. John Lenon era ya otro reciente mito asesinado por aquellas fechas, mientras Knopfler, con su banda los Dire Straits, colapsaban el mercado musical con su LP Brothers in Arms.

El incombustible Mark Knoffler - para muchos el mejor punteador de guitarra de todos los tiempos – es, además, sinceramente modesto. Hace años declaró en una entrevista que se vé incapaz de tocar como los guitarristas de flamenco, a quienes admira. Seguramente no le hace falta. Demuestra lo que puede ofrecer en cada actuación y en cada disco.

Knopfler es un talento absoluto. Su estilo personal marca todo aquello que él hace, tal y como se puede apreciar, por ejemplo, en uno de los primeros trabajos de un Bob Dylan rehabilitado de las drogas, Slow Train Coming, finalizando los setenta. Los ochenta fueron los años de gloria del grupo. Sus temas de entonces son hoy considerados como clásicos en todo recopilatorio de calidad. Los noventa marcaron la desaparición de la banda, ya una leyenda, y la consolidación hasta nuestros días de la carrera en solitario de Knopfler..

En estos primeros días de Abril ha dado un concierto en Madrid, basado en su último trabajo “Kill to get crimson”. A decir de los asistentes, el evento fue para no olvidarlo jamás. Junto a sus temas de siempre interpretó alguno inédito y sus últimas composiciones. El público, completamente entregado, disfrutó desde el primer hasta el último minuto.

De vez en cuando, la vida nos regala un genio. Nos entrega a alguien que tiene el valor de salir de la carretera, del cómodo y seguro asfalto, para correr campo a través hacia tierra de nadie. Mark Kopfler decidió un buen día dejar atrás su empleo de maestro y aventurarse con su stratocaster en la jungla donde sobreviven tantos músicos de futuro incierto. Y ahí está. Entre los grandes más grandes.

lunes, 31 de marzo de 2008

Tarragona Part Alta (I) Carrer Major


Una de las cosas que primero me llamó la atención de Tarragona fue el casco antiguo de la ciudad, que coincide geográficamente y en casi toda su totalidad con la parte alta (aledaños de la catedral) o part alta.

Cuando visité aquello por primera vez – junio de 1992 - , y a pesar que el aspecto general de las calles y plazas era manifiestamente mejorable, sentí un poco de envidia porque la impresión a primera vista del visitante era de agrado. Algunos lugares históricos estaban en obras, alguna calle en remodelación, pero la vista era mucho mas apetecible para pasear, ver tiendas, tomar un refresco en cualquier bar, visitar enclaves históricos o comprar souvenirs. Contrariamente a Zaragoza, cuyo casco histórico presentaba superávit de solares convertidos en vertederos y de callejones apestando a basura, la Tarragona antigua era un lugar bien digno para visitar tanto de día como de noche. Y los turistas así lo entendían.

Allí pasé seis años de mi vida y fui testigo diario de la transformación que sufrió esa encantadora ciudad durante los noventa. He recomendado muchísimas veces que visitarla y caminarla merece la pena, sobre todo desde primavera hasta otoño. Y como, en cierto modo, tengo una deuda de gratitud y buenos recuerdos de Tarragona y de muchas personas que allí conozco, quiero, de vez en cuando, poner mi granito de arena para que recordemos que España tiene lugares que merecen la pena. Que hay que verlos y vivirlos.

Así que como muestra, aquí les ofrezco una vista de esta casa que conocí con un cierto aspecto ajado y que allá por el 2001, en uno de mis viajes de vuelta, me encontré de esta guisa. La foto no hace justicia, pero les invito a que visiten el entorno.
Cuando se hallen en la Plaça de la Font, con el Ayuntamiento al fondo, asciendan hacia la Catedral por el Carrer Major, donde pueden parar a comprar pastissets y otros dulces típicos, observar edificios con mucha historia, y comer en la terraza de un pequeño restaurante cercano a esta fachada digna de admirar. La tienen en la esquina con el Carrer dels Cavallers. Tómense su tiempo.

jueves, 27 de marzo de 2008

Un Amigo con talento



Dice mi amigo Fernando que copiar un cuadro no tiene mucho mérito, pero lo que hace con su talento y pasión por el arte me parece, cuando menos, admirable.

Quien esto escribe siempre fue un desastre con patas a la hora de plasmar su creatividad con un lápiz, tiralíneas, plumilla o pincel. De hecho, la mayoría de los dibujos que tuve que presentar al final de cada evaluación en 5º y 6º de EGB los hacía mi madre, que tenía una sensibilidad y habilidad especiales para las manualidades.

Está visto que yo no heredé nada de los genes artísticos del hermano mayor de mi madre, mi tío Siro Manuel, reconocido acuarelista y publicista durante buena parte de su vida. Nada de nada. Cero. Puedo dar fe que soy un negado para estas cosas. Será por eso también que siento envidia – de la mala y borde – cuando veo que otros muestran sus aptitudes artísticas y que además lo hacen bien.

Fernando me comentó hace poco mas de una semana que quería hacer una copia al óleo de un cuadro que figura como portada en una novela de Arturo Pérez Reverte, “Un día de cólera”. Y la hizo. Hoy la he visto. Sin enmarcar todavía y con detalles por finalizar, según dice. Pero a mí me ha parecido precioso, el cuadro. Luminoso. Impresionante. Hermoso y sobrecogedor a un tiempo.

En fin. Que Fernando tiene talento. Y pinta. Y no lo hace nada mal. Es una pena que no sea republicano, porque se lo merece. Pero todos tenemos nuestros defectos y a él Doña Leticia le pone.

sábado, 22 de marzo de 2008

La Reina de las Tintas


Hacía ya un año que no pasaba por la calle Torre Nueva. Y allí me encontré de pronto con una de las tiendas “de toda la vida” cerrada.

Creo que mi primer recuerdo de La Reina de las Tintas se remonta a mis seis o siete añitos, yendo con mi madre a comprar material escolar para clase. Los bolis Bic, la plastilina Plastidecor, los rotuladores Carioca…

Olía aquella tienda a papel y cartón, y la dependienta era una señora mayor que me miraba sonriendo desde el mostrador. Si era sábado, cruzábamos la calle para entrar en la pastelería Tupinamba y comprar brevas y rollitos de nata.

Han pasado mas de treinta años y todo ha cambiado tanto… Pero La Reina de las Tintas aguantó hasta hace un año. En las dos últimas decadas han sido muchos los negocios que han cerrado y no todos lo han hecho por jubilación de los propietarios. Supongo que las grandes superficies, las nuevas tecnologías, los cambios de tendencia tienen buena culpa de ello también. Pero ya se sabe: renovarse o morir…

martes, 18 de marzo de 2008

De mudanza

Hola a todos.

Estamos de mudanza, aunque seguiré manteniendo esta url para otros contenidos.

Les espero en http://www.elrepublicanodigital.blogspot.com/